Todavía no pasó una semana desde que salió el disco y por eso no creo que ni las revistas ni yo lo hayamos escuchado lo suficiente como para emitir una crítica. Pero esta reseña no apunta al disco, sino a cómo vamos a escucharlo.La clave es que cada música te propone una forma de escucha diferente ...
Para disfrutar de la música Europea del siglo XX hay que entender que el sonido está en un lugar muy central de la construcción de sentido. Y que hace falta una calidad de atención muy presente con el sonido, porque un cambio mínimo en el timbre puede ser muy significativo. Por otro lado, la atención del rock y el pop está más bien en el lenguaje y el discurso. El sonido es importante pero no es en sí mismo. No tanto por lo menos. Son simplemente dos maneras distintas. Este trabajo pide una apertura en la escucha porque tiene mucho de esas otras músicas.
En el tema que abre el disco, Bloom, la voz de Thom Yorke tiene un efecto de sustain, la melodía queda en el espacio reverberando de manera fantasmática. Lo acompañan capas de máquinas de ritmos y sonidos que se repiten formando texturas dinámicas y parecen tomar algo de otra corriente académica: la música serial. Estas cosas invitan a ese otro tipo de escucha, también sería muy prudente escuchar el disco con auriculares para experimentar el sonido, que está muy trabajado. Está claro que hay una cosa inaudita: es muy difícil hacer a la música electroacústica conmovedora, frágil y humana. Eso impresiona de los músicos de Oxford, la calidez de sus sonidos, la hermosa contradicción entre las maquinarias y su piel. Les pido que escuchen cada instrumento con mucha atención, son pequeñas criaturas que viven y respiran, como animales mágicos.
The King of Limbs me impactó. Me impresiona su contemporaneidad, es música del presente y lo aprovecha todo: los planos dinámicos, la investigación con las nuevas tecnología, la arriesgada producción de Nigel Godrich, la simultaneidad de diversos discursos, el trabajo intenso sobre el campo rítmico (en este sentido Lotus Flower es una tremenda muestra) y la liviandad con respecto a la forma canción. Y como el mercado reproduce modelos antiguos cambiando solo la estética, la apuesta de Radiohead parece música del futuro, cuando en realidad es del presente y la otra una loop interminable del modelo Beatle. Decía Valéry: “Ni la materia, ni el espacio, ni el tiempo son, desde hace veinte años, lo que han venido siendo desde siempre”. Nadie puede escapar de la forma de percepción actual. Y tanto este último trabajo como su antecesor, In Rainbows, atestiguan esto. Es imposible no reconocerse en ellos porque nos hablan con los elementos de nuestra mirada.
Y no deja de sorprender el riesgo comercial de sus propuestas. Hay riesgo en The Bends , hay riesgo en el cambio que fue Kid A y Amnesiac, y hay muchísimo riesgo en cambiar de nuevo con estos últimos trabajos. Alejarse de la canción y del género puede ser peligroso para una banda.
Les agradezco ese riesgo porque es honesto.
Todavía me conmueve pensar en un estreno por internet, mundial. Cientos de miles de personas, quizás millones, la mayoría jóvenes, siendo parte simultáneamente de un evento. De una música y su intimidad. Es una ceremonia especial... y esta es la música.