martes, 24 de julio de 2012

Minas en Pelotas



Gil elvgren dibuja minas en pelotas.
Parece poco, evidentemente no lo es.

Durante el siglo XX  los transgresores del arte abandonan la figuración, convirtiéndose en el canon y repudiando  al que no lo hace.
Gil elvgren no trabaja con la figura femenina.
Gil elvgren pinta mujeres. Que están fuertes;  Rubias y morochas  que te miran pidiendo que te las cojas. Felices de mostrar algo más de lo debido. Minas que pinta usando modelos vivas, que él se coje con la mordida rabiosa y tiránica de un general soviético.  Eternamente y desde épocas mesozoicas en un estudio sepia de Manhattan. 

Este tipo es para el mundo  una paliza artística. Veremos porqué: Pareciera que abordar universos conceptuales más complejos hace al arte sin nada que decir más interesante. Vayan a cualquier museo, galería o exposición.
¡Hay un deber!
Tenemos que elegir los lenguajes contemporáneos.  Sus técnicas,  lo autorreferencial, todo lo amarillo, el polvo y la incapacidad para lo simple.  Es así,  es natural elegir lo distinto, eso que es moderno. Hay que aspirar a la vanguardia.

Ellas te miran y provocan las garras que quieren arrancarlas de la tela. Lisa y brutal por ser esta inapelable.

Parece raro, pero pasa. Las cosas llegan cuando estamos alerta para aprenderlas. Un talismán sagrado de algún templo en selvas repletas de animales de cobre, por dentro huecos, con su mecánica mágica. Cuchillos antiguos  de una carabela que será en dos mil años. No son secretos… no tanto como mirar las cosas de siempre de otra manera. 
Dice Elvgren: Picasso es Picasso. Yo hago así. Porque así necesito. Y el mundo no está hecho de espejos. Esta hecho con la forma cruda de la necesidad.

Alguien va a decir que construye una mujer estereotípica.
 - NOU, SIR.
Es el que mira el que ve estereotipos donde hay misterio. Empalado en preconceptos.

“La cabeza debe ser rebanada, por ser esta la parte sobrante de la mujer”. Falso, falso… porque Elvgren también te mira desde las telas. Odiado, sin pan, sin curadores, sin estudiosos, sin académicas histéricas, sin recorrido definitivo en el MOMA, desterrado a calendarios y tatuajes. Te mira con tierra- animal-sangre: “la línea y el color son solo aquello. Son instrumentos y carencias. En la abstracción está quizás la locura. Mis chicas son el misterio”.

viernes, 25 de febrero de 2011

Lanzillotta VS TheKingOfLimbs

Todavía no pasó una semana desde que salió el disco y por eso no creo que ni las revistas ni yo lo hayamos escuchado lo suficiente como para emitir una crítica. Pero esta reseña no apunta al disco, sino a cómo vamos a escucharlo.


La clave es que cada música te propone una forma de escucha diferente ...


Para disfrutar de la música Europea del siglo XX hay que entender que el sonido está en un lugar muy central de la construcción de sentido. Y que hace falta una calidad de atención muy presente con el sonido, porque un cambio mínimo en el timbre puede ser muy significativo. Por otro lado, la atención del rock y el pop está más bien en el lenguaje y el discurso. El sonido es importante pero no es en sí mismo. No tanto por lo menos. Son simplemente dos maneras distintas. Este trabajo pide una apertura en la escucha porque tiene mucho de esas otras músicas.

En el tema que abre el disco, Bloom, la voz de Thom Yorke tiene un efecto de sustain, la melodía queda en el espacio reverberando de manera fantasmática. Lo acompañan capas de máquinas de ritmos y sonidos que se repiten formando texturas dinámicas y parecen tomar algo de otra corriente académica: la música serial. Estas cosas invitan a ese otro tipo de escucha, también sería muy prudente escuchar el disco con auriculares para experimentar el sonido, que está muy trabajado. Está claro que hay una cosa inaudita: es muy difícil hacer a la música electroacústica conmovedora, frágil y humana. Eso impresiona de los músicos de Oxford, la calidez de sus sonidos, la hermosa contradicción entre las maquinarias y su piel. Les pido que escuchen cada instrumento con mucha atención, son pequeñas criaturas que viven y respiran, como animales mágicos.

The King of Limbs me impactó. Me impresiona su contemporaneidad, es música del presente y lo aprovecha todo: los planos dinámicos, la investigación con las nuevas tecnología, la arriesgada producción de Nigel Godrich, la simultaneidad de diversos discursos, el trabajo intenso sobre el campo rítmico (en este sentido Lotus Flower es una tremenda muestra) y la liviandad con respecto a la forma canción. Y como el mercado reproduce modelos antiguos cambiando solo la estética, la apuesta de Radiohead parece música del futuro, cuando en realidad es del presente y la otra una loop interminable del modelo Beatle. Decía Valéry: “Ni la materia, ni el espacio, ni el tiempo son, desde hace veinte años, lo que han venido siendo desde siempre”. Nadie puede escapar de la forma de percepción actual. Y tanto este último trabajo como su antecesor, In Rainbows, atestiguan esto. Es imposible no reconocerse en ellos porque nos hablan con los elementos de nuestra mirada.

Y no deja de sorprender el riesgo comercial de sus propuestas. Hay riesgo en The Bends , hay riesgo en el cambio que fue Kid A y Amnesiac, y hay muchísimo riesgo en cambiar de nuevo con estos últimos trabajos. Alejarse de la canción y del género puede ser peligroso para una banda.
Les agradezco ese riesgo porque es honesto.

Todavía me conmueve pensar en un estreno por internet, mundial. Cientos de miles de personas, quizás millones, la mayoría jóvenes, siendo parte simultáneamente de un evento. De una música y su intimidad. Es una ceremonia especial... y esta es la música.

viernes, 13 de febrero de 2009

-El block, la Biblia, la muerte y yo-

Últimamente tengo la sensación de que una hoja me va a cortar. Las miro descansar tímidamente en mi banco, simétricos y filosos rectángulos de vidrio. Juntas son un bloque blanco como la escarcha, de piel áspera e inofensiva (al menos en su aspecto) para los pícaros dígitos, sedientos de sensaciones, que parecen actuar libres de cualquier imposición de control en el aire.
Quiero una, sí es cierto, para usarla de forma egoísta, desparramar tinta por su cuerpo y transformar su independencia en algo de utilidad. Sé que no disfrutan de separarse del grupo por eso me acerco como acechando, pongo mi mano completa sobre la superficie para tranquilizarlas y liquido el asunto con un solo movimiento. Las tomo de abajo tratando de ponerlas rígidas, de controlarlas, la fricción en este punto es impresionante parece que nunca se soltarán, se aferran al micropuntillado, se estremecen, gritan, un movimiento ondulante y crack, excito del garrote vil. Una parte queda en el block, queda atada a esa infame caja de alfileres, la otra parte, considerablemente mayor, queda en mi mano, en ese momento puedo sentirla envuelta en ira.
La gente comienza a mirarme interesada, tengo miedo, es algo nuevo en mí pero no es para nada absurdo. El trámite jamás fue gradual, de pronto recuerdo a las malditas hebras doradas, hechizos de carácter esférico, son el filo de la katana invencible, son la sierra y mis manos jabonosas. Sufro, mi cuerpo recibe la sensación archí conocida del hielo seco, comienza a haber una distancia entre mi pecho y la camisa como un pequeño espacio de aire. Y de repente llega, entró en pánico.
Me mareo, siento fiebre y comienzo a delirar. Una tormenta oscura e intensa bajo mi piel fluye fuerte en su sistema cerrado...Solo una mano puede cometer este acto tan inusitado de extrema violencia desde la absoluta ignorancia o torpeza. Puede tomar la hoja y despojarme de ella súbitamente (su intención sin embargo es clara), y es suficiente un suspiro, cerrar y abrir los ojos, ella se escurre entre mis dedos de forma sutil como una brisa y con total impunidad comienza el fatalismo.
Me inquieta aquel primer momento cuando uno siente a esa pequeña nube volverse acero de una fragua sal, la persona que tira tal vez también lo siente pero ya no puede parar. Sierra, espada, alfileres, los bordes de oro de aquel libro inútil, las manos sienten al hilo cósmico, este recibe heroico la bendición del sol y rápidamente penetra la carne abriéndola en dos, ¡y quien sabe cuan profunda es la tortura!, acaso toca el hueso o juega con los nervios. Todo se volvería escarlata, el líquido mórbido ensucia todo y corre con desagradable languidez por la palma, deseando volver lo más pronto posible a la tierra donde pertenece.
La reacción es animal, un grito primitivo escapa ajeno al tiempo desde mis labios ahogados. La incisión fue justa y la herida se vuelve un lugar fundamental en el espacio. Respondo veloz, llevo ese apocalipsis a mi boca, allí donde toda la humedad es como lacerarte, y percibo, lleno de un asco tranquilizante, el sabor acre y en un instante el pandemonium se hace general. Me acompañan los sobrevivientes hasta una fuente, en esta el agua clara actúa cual caricia de hada y se lleva el estanque errático de mi carne. Al volver en mi veo el corte perfecto como un trueno y la sensación turbia de la venganza me hace temblar.
De todas maneras se que esta apreciación es insuficiente. El agresor podría venir por la retaguardia y tomar la seda marfil por mi espalda. Esta situación es desde ya mucho más caótica, la tela algodonada escaparía fugaz con un objetivo muy poco honorable: el ataque directo a la cara. Quizás llegue a correrme, aun así la piel facial, las orejas o la gran nariz quedarían expuestas a la maldita navaja. Sin embargo, si no hay suerte, cualquier globo ocular sería presa fácil. La pupila como siempre apuntaría hacia arriba con el terror, queriendo tal vez buscar la salvación a la masacre que esta tan cerca. Pero nada. Sucede en un instante quasi místico, la punta bisturí traza una separación diagonal muy segura en la esclera, se moja, se torna acuosa y desnuda el mundo que desaparece por un segundo, las manos buscan estúpidamente detener al agresor, pero es inútil. Sale líquido, pus, una pelotita transparente y otras porquerías del hueco negro, el dolor existe en toda dimensión.
“¡No soporto más!”, me hecho aniñadamente sobre el mar blanco, me avalancho rápido y tomó prestado de otra mesa un puñal (“azul o negro, es lo mismo, por favor”) y escribo atolondrado mi nombre, ahora me pertenece y nadie puede cometer ninguna atrocidad que no deseo conocer.
¡Basta ya!, yo soy un hombre serio y aun queda mucho que hacer en la oficina. Miro discreto con los ojos a ambos lados, es increíble nadie me ha prestado la más mínima atención , a veces pienso que si sucediera una emergencia en este lugar nadie haría ni lo mas insignificante. Al caer el sol dejo el trabajo y busco las llaves, lamentablemente lo veo. Esperándome en un rincón sin luz aun le quedan varias balas rayadas en su cargador